“Llevo diez años viviendo con VIH”

LLEVO DIEZ AÑOS VIVIENDO CON VIH

“Crecer con VIH. Un ciclo de vida” es un proyecto de El Grupo Europeo del Tratamiento del SIDA que tiene como objetivo identificar los retos y características de este proceso en tres grupos de edad diferentes: niños y adolescentes hasta 24 años, personas mayores de 50 y personas entre 24 y 50. Allí escuchamos el testimonio de una  mujer que supo que vivía con VIH a los 10 años:

“Me cuesta creer que diez años hayan pasado tan rápido. No sabía nada sobre VIH o el SIDA cuando recibí mi diagnóstico. Bueno, sabía que era algo malo y que acabaría matándome; tal vez por eso la primera de mis dudas tenía que ver con la esperanza de vida.

En 2007 la esperanza de vida era de 45 años. Al menos eso fue lo que me dijeron y lo que se me quedó grabado en la cabeza durante mucho tiempo. En ese momento parecía que esa era la pregunta más importante que podía hacer.

Entonces yo era virgen. No está claro cómo llegué a infectarme, pero los médicos asumen que contraje el virus cuando era una niña. Supongo que algunos habréis oído hablar de la enorme epidemia de VIH intrahospitalria que Rumanía vivió a finales de los 80.

He tenido momentos buenos y momentos malos, tanto física como emocionalmente. De alguna forma siempre he podido sobreponerme a las circunstancias.

Tenía muchas dudas, como le pasa a la mayor parte de la gente que vive con VIH:

  • ¿Cuándo voy a morir?
  • ¿Conseguiré tener pareja o familia?
  • ¿Cómo reaccionarán mis amigos y compañeros de trabajo cuando se enteren de que soy VIH+?
  • ¿Hay más personas pasando por esto?

Nadie podía responder estas preguntas que tanto me torturaban.

Viniendo de una pequeña ciudad de Rumanía, encontrar a una persona fuera del armario viviendo con VIH no fue fácil. Ahora, cuando pienso en esto, creo que todo habría sido muy distinto si hubiera tenido el apoyo de otras personas en mi misma situación.

Sin embargo, me considero afortunada al tener el apoyo de mi familia y mis amigos porque la mayoría de los jóvenes no suelen tener esa suerte. Para mi madre fue muy difícil enfrentarse a esta nueva realidad porque lo único que sabía sobre el VIH era que me mataría.

Empecé a leer cada vez más sobre el VIH y el sida  y, poco a poco, casi todos mis miedos fueron desapareciendo con el paso del tiempo. Sabía que si tomaba la medicación correctamente podría vivir una vida larga y fructífera.

Siempre que hablo de mi viaje como joven que vive con el VIH saco el tema de la suerte.

He tenido suerte con mi tratamiento. He sufrido algunos efectos secundarios, pero si los comparo con los beneficios del tratamiento se quedan en nada. Por desgracia, otras personas que viven con VIH experimentan muchos de esos efectos y prueban distintos medicamentos lo que puede llevar a problemas de adherencia.

En Rumanía la mayor parte de los jóvenes se contagiaron a través de una infección intrahospitalaria durante los años del comunismo; por ello, quienes han tenido la suerte de sobrevivir experimentan la fatiga del tratamiento.

Aunque me considere afortunada, uno de los mayores retos a la hora de vivir con el virus reside en el estigma y la discriminación que trae consigo.

La discriminación y el estigma están en todas partes, incluso en el sistema sanitario. En más de una ocasión me han discriminado hasta en el dentista y han intentado justificarse diciendo que no tenían el equipamiento apropiado para atenderme.

Un diagnóstico de VIH no significa renunciar necesariamente a las relaciones y al sexo, pero salir con alguien sigue siendo una de las partes más difíciles de mi vida. Más que salir, mantener una relación a largo plazo con alguien no seropositivo puede ser un desafío, pero quizás no más difícil que para el resto.

Aunque el VIH nunca era la razón por la que se acababan las relaciones, estoy segura de que era uno de los factores que influían.

Intento ser clara con mis parejas y hablar abiertamente de mi estatus desde el principio y en ese momento veo que se echan atrás porque tienen miedo. Este miedo viene, por supuesto, de la falta de información sobre el VIH y sus formas de transmisión; la mayoría piensa que los condones no son lo bastante seguros y, desde luego, no han oído hablar de tratamientos preventivos.

Tal vez ahora que la PrEP se está volviendo más popular, este tema se vaya haciendo menos problemático. Y aun así, la PrEP todavía no está disponible en Rumanía.

Es agotador explicar a toda posible pareja sexual que no es peligroso tener sexo con una persona que tenga una carga viral indetectable, siempre que siga el tratamiento, claro. Este proceso de educación debería comenzar en los servicios sanitarios.

A día de hoy no me preocupa morir joven, pero sí los efectos que el tratamiento con antirretrovirales pueda tener a largo plazo en mi cuerpo.

Mentiría si dijera que no tengo días malos, días en los que estoy triste y asustada, pero he aprendido a aceptar mi estatus VIH y, como activista, marcar la diferencia en las vidas de los jóvenes que viven con el virus”.

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