Bareback: follando a pelo

BAREBACK: FOLLANDO A PELO

El bareback se define como la penetración anal sin condón de manera intencionada entre hombres que tienen relaciones sexuales ocasionales con otros hombres. Decimos que  sólo acontece en contextos de parejas ocasionales, porque envuelve cierta percepción de vulnerar los imperativos del sexo seguro.

El término “sexo a pelo” o “apelero” está sacado del ámbito ecuestre, que se refiere a montar sin silla o a pelo. Fue introducido en un artículo por el activista Stephen Genden en la revista POZ en 1997: “Hace un año y medio escuché una conferencia de un tipo seropositivo muy mono, sobre la diversión del sexo no seguro con otros tios seropositivos. Era guapo, el tema morboso, y al  poco tiempo acabé follado por él sin condón. Cuando se corrió dentro, estaba en el paraíso, extasiado. Había tenido sexo no seguro antes, pero nunca intencionadamente”.

En nuestro país apenas se han realizado estudios sobre perfiles concretos de barebackers. Un estudio de Fundación Triángulo en 2008, que no terminó por publicarse, indicaba que el 40% de los entrevistados tenía un diagnóstico VIH+.

“El término “sexo a pelo” o “apelero” está sacado del ámbito ecuestre”.

En cuanto a su exposición/ reconocimiento desde aplicaciones de móvil e internet, tal y como nos enuncia Ricardo Baruch en su artículo “Bareback” (2015), existen tres tipos de barebackeros:  “en primer lugar, los que nunca usan condón, a quienes se identifica como “barebackeros puros” y lo mencionan abiertamente; aquellos que dicen que dependiendo de la situación pueden o no usar condón; por último, los que a pesar de decir que prefieren el sexo seguro y protegido, prefieren practicar el bareback. En el caso de los primeros, podríamos hablar de una identidad. En el caso de los segundos y terceros, es probable que deba considerarse al bareback como una práctica únicamente”.

El bareback no tiene que ver con no tener información sobre el VIH o con alguna patología mental. Ningún estudio ha demostrado relación entre bareback y desorden mental. Pensemos en…

a. Pornografía

Los canales porno de internet más frecuentados están llenos de vídeos con prácticas bareback con la intención de que se perciba una penetración como más real e intensa. Las películas, ya sabemos, generan narrativas motorizadas por deseos que acaban siendo interiorizados por sus espectadores.

b. Internet y las apps

Internet y las aplicaciones de móvil permiten  de manera rápida citas entre personas que comparten mismas aficiones, que bien pueden ser las del bareback. Antaño una cita para bareback era más complicada, porque cuando conoces a alguien en una fiesta o pub no puedes saber si es barebacker o no. Ahora con Internet basta con ponerlo en tu perfil dentro de la lista de intereses, o con buscar la sección bareback del portal de contactos. O con preguntarlo sin timidez en el chat antes de quedar. “Yo es que busco…”. Si lo deseas, tienes bareback sin salir de casa cualquier día de la semana.

c. El consumo de drogas recreativas

Se consumen drogas para actuar conforme a las normas culturales que reclaman que una experiencia comunitaria sea intensa. Las drogas son el indicador de que lo que viene va a ser especial. El motor es el culto al placer por encima de todo, pero también la búsqueda de conexión y de comunidad, porque son drogas que se comparten y generan una red de solidaridad (yo te doy esto, y tú me pasas lo otro; vamos a compartir entre todos una emoción intensa). Y así, también, llegamos a que las drogan difuminen nuestros límites y nos proporcionen más seguridad para implicarnos en el bareback.

d. Estimación de compensación de riesgos

Los perjuicios previstos ante el sexo desprotegido son menores a como lo eran hace unos años, ante la mejora del tratamiento antirretroviral. En el peor de los casos posibles, “si lo pillas, te tomas una pastilla y ya”, podemos pensar en lo que es una interpretación superficial del reto de tener VIH.

Se percibe que compensa más disfrutar del sexo desprotegido que estar pendiente de la salud. Esto es un efecto de una sobreidentificación con la cultura gay, que empodera mediante el ocio y relaciones sexuales pero no mediante la salud.

e. Búsqueda de modelos intensos de sociabilización

La necesidad de identificación (“éste es de los míos”), de pertenencia a un grupo, de conexión con otros iguales, es uno de los factores del bareback. Y junto a esto, el buscar “piel con piel”, una sensación de intimidad y de libertad que los barebackers no sienten con el condón: “follar como dios manda”, “durante este polvo soy libre”.

La necesidad de pertenencia a un grupo es uno de los factores del bareback.

El artículo “Barebacking : condiciones de poder y prácticas de resistencia en la biopolítica de la salud sexual”  (Ávila; Montenegro) recoge varias declaraciones de barebackers. “Para mí bareback es follar a pelo entre dos tíos: sexo sin ningún tipo de barreras, totalmente libre. Se trata de dejarse llevar, de follar sin presiones ni barreras”.” Se trata de practicar el sexo como siempre se hizo, sin gomas. Es sentirlo todo, sentir todas las sensaciones sin preocuparse de nada más”. ” Me parece mucho más real, más cercano penetrar o que me penetren directamente, sin ningún intermediario. Y me excita mucho saber que al final voy a llenar a la otra persona con mi semen o la otra persona me va a llenar a mí. Es también como una recompensa, y también lo hace más real, más intenso”.

Aparte de la intimidad, se busca emoción en lo prohibido con algún cómplice, habida cuenta que para muchos el sexo con parejas ocasionales o anónimas se ha convertido en una práctica tan habitual que ya no da morbo. Hace falta un suplemento que venza la desidia. La penetración anal sin condón es ese plus que añade morbo ante un modelo de relaciones que ha dejado de resultar interesante en sí mismo y ante contextos de sociabilización a veces demasiado prefijados y sin espacio para sorpresas o cierta conexión emocional.

f. Resistencia frente a las normas impuestas- creación de una comunidad.

El sexo no protegido intencionado puede ser una vía de escape a las tensiones producidas por tener que vivir ajustados diariamente a unas normas.

Michael Billig, científico social, ofrece una explicación sobre por qué lo prohibido se convierte en deseado. Según Billig, los deseos se forman a través de procesos de interacción social. El deseo es formado dentro de una sociedad particular a través de prácticas de socialización implícitas por las cuales a los miembros más jóvenes, desde el primer día, se les enseña lo que es permisible o no permisible para decir o hacer, y, más tarde, para pensar.  Las reglas sociales no sólo no son capaces de anular “tentaciones innatas” sino que crean sus propias restricciones, sus propias tentaciones. Lo prohibido llega a ser un objeto de deseo y placer. Las prohibiciones crean sus propios deseos.

Toda acción social tiene sus reglas, de las que se espera que sean cumplidas por todas las personas. Así pues, todos somos iguales en nuestra obligación a acatar las normas. Pero el “deseo prohibido” nos hace ser diferentes. Queremos ser diferentes. El bareback es un ejemplo de esta producción de morbos a través de lo prohibido.

Asimismo, es necesario denunciar que la  LGTBIfoba de nuestra sociedad nos educa desde el desprecio  a la homosexualidad o bisexualidad, con lo cual homosexuales y bisexuales nos descubrimos a nosotros mismos mediante la transgresión, haciendo las cosas que desde pequeños nos dijeron que no se hacen.

Para personas que hemos sido sociabilizadas en un entorno en el que la sexualidad entre hombres ha sido negada, abyecta y degradada, poder practicarla sin miedos y sin culpabilidad es una conquista.  Llegan entonces los agentes de salud y nos dicen que nuestra liberación sexual debe tener restricciones. ¿Cómo tomarnos esto? Jack Brehm, científico social, estudia lo que llama la “pyschological reactance”: cuando hemos alcanzado un  comportamiento con esfuerzo, mensajes que promuevan un cambio de ese comportamiento se van a percibir como una pérdida de libertad, aun cuando estén dirigidos para nuestro bienestar. Se crea un efecto boomerang y las personas generan mecanismos psicológicos para resistir ese mensaje.

“Para personas que hemos sido sociabilizadas en un entorno en el que la sexualidad entre hombres ha sido negada, abyecta y degradada, poder practicarla sin miedos y sin culpabilidad es una conquista”.

Entre todo esto, es entendible que no nos alarmemos ante el desafío de prohibiciones porque hemos crecido sorteando tabúes, y que lo hagamos a veces con una suerte de estrategia para enterrar el estigma de la homosexualidad (“superamos la ecuación homosexualidad=sida y vivimos tranquilos”), a modo de gesto de liberación ante una situación percibida como opresora.

Los riesgos del bareback

Los riesgos asociados al bareback  van más allá de que sus implicados activos adquieran el VIH u otras ITGs (infecciones de transmisión genital).

Las personas con VIH tienen mayor vulnerabilidad para adquirir otra ITGs, y en estos años ha aumentado significativamente en la población de hombres que tienen sexo con hombres la coinfección VIH-Hepatitis C, en muchos casos a partir de experiencias bareback.

Los barebackers también tienen relaciones sexuales no protegidas con parejas que no son necesariamente para bareback, de ahí que el bareback potencie la extensión de las ITGs fuera de su contexto.
En las prácticas bareback grupales (“sesiones”, chemsex…), el policonsumo de drogas psicoactivas es un recurso para extender la experiencia durante varias horas o más de un día, con lo que puede acontecer en sus consumidores mayor irritación de mucosas que incrementan vulnerabilidad para ITGs, intoxicación, percepción debilitada, desorientación,  pérdida del conocimiento, paranoia, brotes psicóticos, ansiedad….

Asimismo, a medida que van sucediéndose en el tiempo las experiencias bareback, el uso del preservativo se antoja cada vez más pesado e innecesario,  por lo que se acaba por no poder tener una erección con su uso o por naturalizar el riesgo y no plantearse la demanda de pruebas.

La intervención ante el bareback

El bareback es una cuestión compleja que va más allá de la perspectiva biosanitaria o de ofrecer meramente información, porque ofrece una alternativa ante la pérdida de conexión con las potenciales parejas sexuales, el estigma de la homosexualidad o  la búsqueda de autoestima.

Con todo esto, es importante atender a la promoción de factores que reducen riesgo ante el VIH y ante el consumo de drogas, no descuidar la atención a las personas con diagnóstico VIH+, transmitir una percepción de lo que implican los retos por tener VIH, insistir en la importancia de un diagnóstico precoz del VIH, hacer accesible servicios de pruebas rápidas de VIH y Hepatitis C, proporcionar recursos de counseling/asesoramiento y de atención psicológica para aquellos afectados por tensiones relacionadas por, entre otras, la homofobia interiorizada, presiones de la cultura gay y/o consumo de drogas.

Archivado en: ITS, prácticas de riesgo, VIH

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies